Homilía del Administrador Apostólico Fr. Ricardo Morales Galindo O. de M., en Te Deum 2019

TE-DEUM-2019

Queridos hermanos y hermanas:

Sean todos bienvenidos a esta celebración litúrgica de oración y acción de gracias a Dios, en que como comunidad de Puerto Montt, queremos agradecer al Señor todo los que nos regala día a día, especialmente en estas fechas, el ser una nación independiente, libre y soberana, donde los derechos humanos son no solo reconocidos, sino también respetados, donde las instituciones funcionan y donde cada ciudadano puede expresarse con la libertad que da un estado de derecho como el nuestro.

La acción de gracias que elevamos a Dios, nos permite también, reconocer que nuestra vida no solo tiene un sentido horizontal, donde la realidad material es la única que permite reconocernos seres humanos y explicar nuestro lugar en el mundo.

Dar gracias a Dios, nos permite reconocer que el ser humano se entiende a si mismo en una relación vertical, es decir, vinculado con lo trascendente, con algo que escapa a lo medible o lo científicamente mensurable. El hombre que levanta sus manos al cielo, se reconoce dependiente y beneficiario de un don que no le pertenece, que le ha sido dado como regalo.

Es lo que hoy estamos realizando en este Te Deum, nos reconocemos vinculados con Alguien que nos supera, que no podemos abarcar y que, sin embargo, lo experimentamos “paciente y misericordioso” (Salmo 103) con cada uno de nosotros. Que nos permite contemplar la Creación, la familia, la vida, etc., y elevar el corazón en acción de gracias por tanto recibido sin merecerlo.

Doy las gracias a cada uno de ustedes por estar hoy acá, su presencia es signo y evidencia que como país, región y comuna, tenemos mucho por lo que dar gracias a Dios y que no sólo nos dejamos llevar en la vida por una dimensión horizontal, sino que, miramos a lo alto, para reconocer humildemente que el Señor “ha estado grande con nosotros” ( Salmo 125)

Mirar a Dios y su obra, no significa que nos quedemos con los ojos fijos en el cielo, la mirada a nuestro Dios, necesariamente nos hace volver la mirada donde Dios mismo la coloca, es decir, los pequeños, los pobres, los sencillos.

Nuestra preocupación como sociedad y como región, tiene que estar necesariamente puesta en esos hermanos y hermanas que no viven en condiciones dignas o que sufren la discriminación o desigualdad.

La mirada al hombre, en su realidad completa, es condición necesaria de la vinculación a Dios; la fe necesariamente se encarna, se hace prójimo, se vuelve tangible, y nos aleja de una fe “aséptica” en que nos entendemos sólo Dios y yo, donde la indiferencia hacia el prójimo se vuelve tranquilizadora de la conciencia, en cuanto unas cuantas oraciones me liberan del compromiso con la justicia, la equidad y condiciones mas dignas para todos.

Chile será este año, sede de dos grandes encuentros a nivel mundial, la cumbre Apec y la Cop 25, ambas instancias que nos invitan en primer lugar a entender que el desarrollo del país no sólo se puede entender desde lo económico, o material, es necesaria la preocupación por el hermano, por el que esta fuera del mercado o aquel que el mercado aplasta. Por otra parte, el encuentro por el cambio climático, nos hace responsables de la naturaleza que el Señor nos ha entregado, nuestros bosques, ríos y mares, no pueden ser objeto de una explotación depredadora que solo mida los beneficios a corto plazo, y no los costos futuros de estar hipotecando el futuro de las generaciones siguientes. Nuestra región es pródiga en muchos recursos naturales, por lo mismo, nuestro compromiso esta en cuidar nuestro medio ambiente, en no convertirnos en negociantes deshonestos de los recursos naturales, depredando y destruyendo irremediablemente la flora, la fauna, los bosques, las aguas y los peces.

Unido a la preocupación ecológica, quisiera llamar la atención respecto a lo que señalaba momentos atrás: la preocupación por el prójimo, por el hermano, que es condición necesaria para entender nuestra relación con Dios.

La realidad de los migrantes por ejemplo, en nuestra región y en nuestra comuna nos interpela día a día, ¿estamos siendo justos en los sueldos que reciben?, ¿los arriendos que les cobramos lo hacemos en justicia o queremos sacar el mayor provecho en el cobro de ellos?, ¿poseen contratos de trabajo? Nuestra relación con Dios nos hace responder inexorablemente la pregunta de Dios a Caín: “Dónde esta tu hermano? ( Gen. 4, 9)

En otro aspecto de nuestra preocupación por el otro, leía días atrás, que un 30% de los trabajadores de la región destinaría su aguinaldo de fiestas patrias a pagar deudas. Lo que nos lleva a preguntarnos por el nivel de endeudamiento de nuestros trabajadores, no poseo cifras, pero no dudo que debe ser alto, las tarjetas de casas comerciales son las que muchas veces permiten a las familias “pasar el mes”. Esto nos debe preocupar, la economía no debe “consumir” al hombre, la economía y el mercado sólo se entienden en función del hombre, y no podemos tener hoy día “víctimas” sacrificadas al “dios” mercado. La solución para el bienestar profundo del hombre no pasa por más y más compras, ni más bienes, ni por endeudamientos que ahogan. La solución pasa por entender que el bienestar humano pasa por el correcto uso de los dones que el Señor nos entregó, por una justa distribución del ingreso y no por la ley del más fuerte.

El Papa Francisco nos dice: “…hoy más que nunca, todo está íntimamente conectado…la protección del medio ambiente no puede separarse de la justicia para los pobres y de la solución de los problemas estructurales de la economía mundial. Por lo tanto, es necesario corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras”. (Mensaje del Santo Padre Francisco para el evento “Economy of Francesco”)

Nuestra región y nuestra comuna crecen, y damos gracias a Dios por aquello, pero no nos olvidemos que el bienestar humano no sólo pasa por más y mejores centros comerciales o mas bellos paseos. La riqueza humana pasa por cuidar la “ecología humana”, las relaciones de familia, el diálogo de padres e hijos, el respeto entre esposos. Un ejemplo dramático en este sentido es la tasa de femicidios en nuestra región. ( La Mesa Regional de Femicidio de Los Lagos entregó en junio de este año, cifras referentes a la Violencia Intrafamiliar explicando que este 2019 se observa un incremento de 9,65%, en comparación con igual período del año anterior. Y Las estadísticas del Centro de Estudio y Análisis de la Subsecretaría de Prevención del Delito indican que durante el primer trimestre de 2019 en nuestra región se han registrado 1.844 casos policiales de los cuales 1.421 han tenido a mujeres como víctimas.). Esto no nos puede dejar tranquilos, los niveles de violencia nos hablan de que algo no estamos haciendo bien; la violencia en los colegios, la violencia en las familias, nos invita perentoriamente, a cuidar los vínculos que construimos, a proteger el diálogo, el respeto, a reconocer la dignidad del otro y a construir espacios de paz y no de enfrentamiento.

En otro aspecto, somos testigos, de la grave crisis de las instituciones, pasando lamentablemente por la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas y de Orden, los políticos, etc. Esta crisis no sólo golpea a estas entidades, socaba también la credibilidad de las mismas y crea en la sociedad un clima de desconfianza y desconcierto, que lleva a la desesperanza y al escepticismo. ¿Qué hacer frente a este clima que nos envuelve? Humildemente creo que el camino para superar esta crisis es reconocer con verdad que nos hemos equivocado, descubrir con honestidad las causas de este trance, y procurar enmendar el mal realizado. De parte de nuestra Iglesia Católica, deberemos seguir esforzándonos en hacer justicia a las víctimas, desde la verdad, y procurando por sobre todas las cosas, desterrar las huellas de mentira, deshonestidad, corrupción y utilización para fines mezquinos y bajos, que para algunos la Iglesia sirvió. No nos callaremos de denunciar la corrupción, sin importar que para muchos sea mejor el silencio acomodaticio y cobarde, el que logre superar los conflictos. Todas las instituciones, deberemos reforzar todo lo bueno que hay en ellas, los hombres y mujeres que con honestidad ponen lo mejor de si para cumplir su vocación. La gran mayoría de quienes hoy representan a las instituciones cuestionadas, son gente honesta y noble, a la que le duele el mal testimonio de compañeros de ruta. Desde el testimonio noble y esforzado de la gente con vocación iremos recuperando la confianza perdida, no sin pasar por el desierto de la desconfianza y el desaliento, pero con la certeza que el edificio no se construye sino con abnegado, humilde y silencioso trabajo.

Finalmente quisiera terminar con un mensaje de profunda esperanza. Desde que el Papa Francisco me nombró como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Puerto Montt, ha pasado un poco más de un año. Este tiempo me ha permitido conocer a muchas personas, pero especialmente quisiera invitarlos a que llevemos la mirada a todas esas familias de los campos y montañas de nuestra región, gente sacrificada y noble, que vive de sus animales o cultivos, y que cada día entrega lo mejor de si para sacar adelante sus familias, construyendo el País que soñamos. Esas personas, especialmente en su religiosidad popular, me han demostrado que tenemos una gran reserva espiritual en nuestra región, la devoción a los Santos Patronos, los cantos religiosos, las procesiones, etc.; son configurantes del gran acervo cultural y religioso que poseemos como País. Ante un mundo cada vez más globalizado, la cultura popular es digna del mayor de los reconocimientos, pues en ella, nos reconocemos como chilenos, habitantes de un mismo terruño.

Miremos con esperanza los desafíos que tenemos por delante, desde nuestras más insignes tradiciones y expresiones de fe, tendremos claridad y evidencia, de que es lo que nos constituye como hermanos, hijos de un mismo Padre común, que nos regaló esta hermosa tierra, donde juntos queremos cumplir nuestros mas hermosos sueños, en la certeza que Dios no abandona nunca a sus hijos.

A Nuestra Señora del Carmen, patrona de nuestra Arquidiócesis y a su Hijo Jesús, ponemos nuestras esperanzas, dolores y alegrías, que recogidas en nuestro canto de acción de gracias, se elevan al cielo para reconocernos hermanos y compañeros de un mismo destino.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.